FRANCISCO JAVIER PUENTE PEREZ


Hi.. Hello.. Hola.. Alô..ôy


22 de nov. de 2010

No entiendo qué le ven a Tevez

Columna de Juan Manuel Trenado
LA NACION


La primera impresión es que no debe de ser fácil para un técnico ubicar en su esquema a Carlos Tevez. Porque, seamos sinceros, nunca terminó de definir de qué juega.

Está claro que no es un "9" de área. Le falta altura para eso, no es un gran cabeceador...

Tampoco es un delantero de los que se mueven por afuera: le falta desborde y no es uno de esos jugadores que den muchas asistencias.

No se puede decir que sea un enganche, porque no clarifica el juego ni puede ser un preciso organizador. Es más: muchas veces peca de individualista y le falta claridad en el desarrollo de los ataques.

Para el final, descartamos que sea uno de esos jugadores que se mueven por la banda, por falta de virtudes físicas que le permitan el recorrido de esa función.

Es más, sus acciones, la mayoría de las veces, están asociadas con esos momentos en los que el juego tiende al barullo. Tiene algo de técnica y gambeta, pero lo suyo pasa más por el forcejeo, los agarrones, por tirarse al piso para intentar recuperar una pelota.

Muchas veces, y la selección nacional lo ha sufrido, ese ímpetu por querer imponerse como sea lo sacó de la cancha prematuramente, con expulsiones absurdas en los comienzos de un partido, de esas que los entrenadores no perdonan.

Si les prestamos atención a sus goles, encontraremos que la mayoría surgen de jugadas confusas con tiros que se desvían en los defensores. Es lo que en el básquetbol de la NBA llamarían un "basurero", de los que aparecen oportunistas para tomar los rebotes y anotar como sea, lejos de la estética que uno preferiría en un atacante. Puede tener una definición sutil, como el gol de ayer, en la que tocó casi con el taco la pelota para marcar el primero de Manchester City. Pero si le prestan atención, venía forcejeando con el defensor y cae aparatosamente después de marcar. Ensucia hasta lo que parece bello...

Su imagen no es la preferida para ser utilizada como herramienta de marketing. Y si repasamos otros aspectos, de esos que un DT serio busca fuera de la cancha, el tipo termina por convertirse en una verdadera pesadilla. Llegó a Inglaterra a principios de 2006 y no sabe una palabra de inglés. Ni siquiera le interesa hacer el esfuerzo. La comunicación con sus compañeros es casi nula. Además, es contestatario. Si algo no le gusta, se queja amargamente. Ejemplo I: en el vestuario del City casi se va a las manos con Roberto Mancini porque armó un planteo defensivo. Ejemplo II: públicamente, en aquella conferencia de prensa en Sudáfrica, puso en un aprieto a Maradona exigiéndole que lo pusiera de titular. Ni que hablar de aquella afrenta al equipo nacional, cuando en 2003, por una disputa entre Boca y la AFA, gritó: "¡La selección se va a la puta que lo parió!".

Hechas estas salvedades, en

22 de jun. de 2010

El hombre que hace llover

*Tomado de la Nacion (Canchallena.com) Escrito Original de JPV (Juan Pablo Varsky) como pequeño homenaje al Titan

Comenzó a escribir su película en un tormentoso sábado de octubre. Hace doce años. En la misma cancha. Y en el mismo arco. Esa tarde de superclásico, un errático y deambulador Diego Maradona jugó, quizá sin saberlo, su último partido como profesional. Salió reemplazado en el entretiempo por un joven que le cambió la cara al equipo. Se llama Juan Román Riquelme. River ganaba por 1-0. Toresani empató con una delicada definición. Y ahí empezó todo. En esa pelota que no bajaba nunca. En esa cortina de Bermúdez a Burgos que Horacio Elizondo no consideró infracción. En esa elevación para conectar la pelota con su cabeza de platino. En ese pique previo que liquidó al arquero. En esa carrera loca hacia la tribuna Centenario ofreciendo su gol a esa hinchada que aún lo miraba con desconfianza. Hasta ese gol, Martín Palermo era un temible y excéntrico delantero que se había escapado del fracaso.
En 1995, descartado por Estudiantes, había estado a 1000 pesos de firmar un contrato con San Martín, de Tucumán, para jugar en la B Nacional. No hubo acuerdo y se quedó en el Pincha . Florero en el comienzo de la temporada 95-96, su destino cambió cuando renunciaron Russo y Manera tras la 11a fecha del Apertura. Asumió Daniel Córdoba y lo puso como titular en la jornada siguiente, ante Gimnasia y Esgrima, de Jujuy. El arquero jujeño Moreyra puede contarle a su familia que él vio nacer a la criatura. Martín marcó dos goles para el 4-1, el primer triunfo de su equipo en aquel campeonato. Era octubre.
Destinos como Tucumán podían esperar un poco más. De todas maneras, no alcanzaba para una película. Era uno de los tantos futbolistas a los que un cambio de viento les ofrece una oportunidad. Siguió haciendo goles y se dio a conocer. El perfil alto, el furioso platinado, una portada disfrazado de mujer y festejos exóticos en los goles completaban su formulario de personaje. Pero apenas si daba para un cortometraje. Ni siquiera el pase a Boca cambió el guión. Hasta que llegó esa tormentosa tarde de octubre de 1997 en la que, con un gol, evitó que se hablara de un lamentable Maradona.
Todo lo que escribió después es historia conocida. Los goles de todos los colores y el récord para un campeonato corto (20). El número 100 con el ligamento cruzado de la rodilla derecha roto. El 101 casi en muletas a River. Alegres contra Real Madrid en la Intercontinental 2000. Tristes a Banfield dedicados a la memoria de su hijo Stefano. De chilena. De penal con los dos pies. De media cancha. Su último hit , un cabezazo desde 40 metros. La versión adaptada también deberá incluir los tres penales errados en el mismo partido, las operaciones de rodillas, la pared que se le cayó encima en un festejo y la muerte de un hijo recién nacido, al que recuerda en cada festejo con un beso sobre su nombre tatuado. Ya tenemos una película de dos horas y media. Pienso en el actor Russell Crowe. Encaja perfecto en el papel de gladiador.
¿Quién pensó que, a diez años de esa trilogía de penales errados contra Colombia, iba a tener su definitiva reivindicación en el seleccionado argentino? Solamente él. Es inteligente e intuitivo para ubicarse dentro del área. La pelota siempre lo busca. No le teme al ridículo. Es el mejor cabeceador de los últimos 30 años. Pero el secreto está en su lucha y en su perseverancia. No conozco un futbolista con más amor propio que Martín Palermo. En ese aspecto, es el mejor de todos los tiempos. Lo de anteayer no fue un milagro. Un milagro sería que la selección jugara bien. No hay manera.
El caos y la falta de liderazgo se comen cualquier buena intención. Sin ideas y sin concepto, juega a la marchanta. Las ilusiones duran cinco minutos. Esos en los que Messi y Aimar confirman que entre ellos hay una sociedad posible. O en los que Higuaín tira una diagonal, marca un pase y sale un lindo gol. Pero todo se derrumba ante la primera adversidad.
En este contexto nadie puede jugar bien. Ni siquiera Messi. Está claro que Leo no tiene el amor propio de Palermo. Está acostumbrado a que, respaldado por un Barcelona que lo protege y lo potencia, todo fluya y salga bien. En la selección no hay equipo. No es su culpa. Pero en lugar de rebelarse, se desentiende del juego. Esa sí es su responsabilidad. El problema no es Messi, un crack en edad de aprendizaje.
Recordemos las eliminatorias para México 1986. Este duelo contra Perú sacó del archivo el partido del 30 de junio de 1985. La clasificación al Mundial estaba en riesgo. El equipo no funcionó y Diego no pudo rescatarlo. En los momentos de descontrol, no te salva el crack, ni el Diego de 24 años, ni el Lionel de 22. Te salvan atajadas importantes (Fillol, Romero) y los héroes de más de 30 años y mil batallas. Passarella hace 24 años, Palermo hoy. El actual aquelarre se lleva puesto a un jugador como Mascherano, cuya confusión lo induce a tirar un tacazo dentro de su propia área para sacar una pelota ardiente. Tampoco Javier es el problema, más allá de su bajísimo rendimiento y su frustración por no haberse ido de Liverpool.
Tiene razón Diego: la culpa de todo la tuvo un vendaval. Pero se olvidó de aclarar que se trata del temporal interno, que ha venido azotando al seleccionado y del cual él es uno de los dos grandes responsables. El otro es Julio Grondona, que lo puso en el cargo. Con su cambio de Demichelis por Higuaín, el seleccionador mandó al equipo veinte metros para atrás. Perú tomó el mensaje y manejó la pelota. Sin actividad en los últimos 70 días, el defensor entró para jugar de ¡lateral derecho! El plantel no contaba con un especialista para ese puesto. Había sido convocado Pablo Zabaleta, de Manchester City, pero se desgarró en la última jugada del partido ante Aston Villa.
Maradona eligió enojarse con Bilardo porque no había viajado a Inglaterra para evitar su presencia en ese encuentro. El doctor-manager (¿qué hace?) había quedado desacreditado tras su propia confesión de haber difundido nombres de una lista mientras Maradona estaba en el spa italiano. Pero acá está exento de cargos. ¿Diego no sabía que se jugaba el lunes? ¿Nadie vio el partido por TV? ¿Por qué no hablaron con el jugador antes de que tomara el vuelo? Podrían haberse enterado de la noticia el mismo lunes y no el martes a la tarde. Aun así hubo tiempo para buscar alternativas, pero el DT se encaprichó: "Ahora no viene nadie". Un referente del plantel le sugirió que convocara a Clemente Rodríguez, de buen rendimiento en Estudiantes. Maradona rechazó la propuesta y le preguntó al mismo líder qué le parecía la dupla Enzo Pérez- Jonás Gutiérrez para cubrir el costado derecho.
No hay plan ni motivos para ser optimistas. Convoca jugadores compulsivamente como si estuviera tocando todas las teclas de una computadora rota para ver si una arregla todo. Ha utilizado nada menos que 36 futbolistas para estos 7 partidos de eliminatorias. De estos 36, 29 fueron titulares por lo menos en un partido (3 arqueros, 10 defensores, 12 medios y 4 delanteros). En esta tómbola, le sale bien la del arquero Romero (decisivo), mal la de Pérez, regular la de Emiliano Insúa…Mete y saca a Higuaín. Y así recurre a Palermo, hoy el jugador del pueblo.
Cuando Argentina ya había hecho todo lo posible para quedarse fuera de Sudáfrica 2010, sólo una persona creía que todavía había tiempo para cambiar la historia. Y en otro tormentoso sábado de octubre, en esa misma cancha, en ese mismo arco y con un Maradona errático y deambulador; le puso el título a esta historia que viene protagonizando desde hace 12 años: "El hombre que hace llover". Que alguien le avise a Russell Crowe. Dentro de un año le llegará el guión de The Rain Maker. No antes. Martín Palermo aún no terminó de escribir su película.
A la espera de un milagro, pero no de Palermo
Es el mejor cabeceador de los últimos 30 años. Pero el secreto está en su lucha y en su perseverancia. No conozco un futbolista con más amor propio que Martín Palermo. En ese aspecto, es el mejor de todos los tiempos. Lo de anteayer no fue un milagro. Un milagro sería que la selección jugara bien.
jpvarsky@lanacion.com.ar

9 de nov. de 2009

ROMAN Y DIEGO

NO ES MI AUTORIA PRIMERA VEZ QUE COPIO Y PEGO , LO HAGO PORQUE ES UN DOCUMENTO IMPECABLE DE UN PERIODISTA EJEMPLAR JUAN PABLO VARSKY

Nunca hubo lugar para los dos juntos. El 25 de octubre de 1997, Maradona jugó, sin saberlo, su último partido de fútbol profesional. Nada menos que un superclásico en el Monumental. Diego era un desastre y fue reemplazado en el entretiempo. El cambio fue fundamental. Boca iba perdiendo y terminó ganando 2 a 1 con un cabezazo del platinado Palermo. Recuerdan quién entró por Maradona, ¿no? Juan Román Riquelme. La historia tiene giros y caprichos increíbles. Compartieron un solo juego: Boca 4 - Argentinos 2, por la primera fecha de aquel Apertura 97.

Román empezó a usar la 10 de Boca con Bianchi desde agosto de 1998. Con esa camiseta, jugó tres años y medio en un nivel superlativo, prácticamente sin bajones. Ese, para mí, sigue siendo el mejor Riquelme. El tipo la rompía todos los partidos. Más importante era el desafío, mejor jugaba. Así, hasta diciembre de 2001. Hasta que se fue Bianchi. Ese Riquelme debió haber jugado el Mundial de Corea Japón. Pero Marcelo Bielsa eligió a Verón y como suplente a Aimar.

Mientras Riquelme se consagraba como futbolista, Maradona lo admiraba desde su palco. Román le regaló muchas camisetas y Diego no paró de elogiarlo.

El 10 de noviembre de 2001, volvieron a encontrarse en una cancha. Esta vez en la Bombonera durante el inolvidable tributo a Diego. No compartieron el mismo equipo. ¿Será posible, che? Riquelme estuvo en el de las estrellas, dirigido por Basile, el DT que lo eligió siempre, aun en malos momentos. Maradona en la selección argentina, dirigido por Bielsa, el DT que no eligió a Riquelme durante su mejor versión. Años más tarde en el seleccionado, Basile y Riquelme terminarían unidos en inquebrantable matrimonio futbolero hasta que Coco renunció. Román no lo pudo defender dentro de la cancha en su último partido. ¿Quién era el DT de Chile? Bielsa. ¿Quién ocupó el lugar de Coco? Maradona. Y ese 10-11-2001, Basile, Bielsa, Riquelme y Maradona estaban todos juntos en el mismo lugar y por la misma razón. "Yo me equivoqué y pagué, pero le pelota no se mancha." Diego pronunció esas palabras, enfundado en una camiseta de Boca número 10 que le había regalado Román y con la que había jugado los últimos minutos de su propia fiesta.

Ha sido demasiado fuerte y profundo el vínculo entre Maradona y Riquelme como para que se agote en este presente lleno de ego, vanidad y cobardía. Ninguno de los dos honró esta historia compartida que merecía llamadas telefónicas, mensajes personales, diálogos cara a cara?

Entre 2002 y 2004, ninguno de los dos la pasó bien. Riquelme bajó su rendimiento y tuvo problemas con todos sus entrenadores: Tabárez en Boca, Van Gaal y Antic en Barcelona, Benito Floro en Villarreal. Bielsa siguió en la selección así que no había lugar para él. Maradona estaba aún peor. El 18 de abril de 2004 fue internado en la clínica Suizo Argentina. Estuvo muy cerca de morir. Todos recordamos aquellos días de angustia, liturgia y rezos frente al sanatorio. Tras tres meses de internación en una clínica psiquiátrica, dio reportajes en los que pedía trabajar y admitía no tener dinero para vivir. Una noche estuvo en Mar de Fondo con Alejandro Fantino: "Riquelme no es lento. Es rápido de la cabeza, que es lo más importante. Le tienen que poner jugadores que entiendan su velocidad mental".

En 2005 salió el sol para los dos. Diego volvió a gambetear al cementerio y Román volvió a gambetear jugadores. También en la selección. Con Pekerman en lugar de Bielsa, ya era el capo del equipo. Maradona se recuperó milagrosamente y condujo un programa de TV: La Noche del Diez . Ahí se juntaron otra vez y Diego le llevó al Topo Gigio de regalo.

Llegó el Mundial 2006. Uno en el palco, el otro en la cancha. Pero ninguno de los dos estaba en su lugar cuando Alemania nos sacó en los penales. Diego no había podido entrar en el estadio y a Román lo habían sacado en el segundo tiempo. "No fue un mal Mundial de Riquelme. Pero si estaba en su mejor nivel, éramos campeones. Jugó sin cambio de ritmo, igual que en Villarreal. El único argentino que no tiene techo es Messi", dijo Maradona por aquellos días. Premonitorio.

Luego Riquelme renunció a la selección porque su mamá sufría las críticas de la prensa. "Decirle no a la selección es difícil, pero Riquelme merece respeto", respaldó Maradona.

Hambriento de revancha, el mejor Román regresó en el primer semestre de 2007. Sin selección y sin club, se aferró al préstamo de Boca como la gran oportunidad para demostrar que aún era uno de los mejores. Así lo hizo. Ganó la Copa Libertadores y, solito, se puso en la selección. Hasta se dio el gusto de embocar al Chile de Bielsa con dos clínicos tiros libres. En diciembre de ese 2007, logró que Boca le comprara el pase en 12.000.000 de euros. Se le fue el hambre. Sabía que jugaría donde quisiera y cuando quisiera. Ischia y Basile le consentían absolutamente todo. No es casualidad que casi todos sus enfrentamientos con compañeros, los públicos y los privados, se hayan producido desde aquella Copa América de Venezuela. A partir de ahí, Riquelme se sintió con el poder para hacer lo que se le cantara en Boca y en la selección. Y desde el paraguayo Cáceres hasta Messi, pasando por Gago y Palermo, no lo soportaron más.

En su cumpleaños número 48, Diego fue nominado seleccionador nacional. Días más tarde, Román mandó un mensaje: "Ojalá le vaya bien, esté yo o no esté yo en la selección". Premonitorio.

Me encanta cómo juega Riquelme, pero se ha convertido en un futbolista de apariciones y no de partidos completos. Influye más en el resultado que en el juego. Hoy es la hora de Lionel Messi, otro futbolista de apariciones, pero más frecuentes y más desequilibrantes. Y Román, uno de los jugadores más inteligentes del mundo, podría haberse reinventado como su Iniesta o su Xavi. Lamentablemente, la mala relación personal obliga a elegir a uno de los dos. Y el grupo ya eligió a Messi y a Maradona, que es lo mismo.

Diego se equivocó en la forma y en el lugar. Esas cosas no se dicen por tele. Se dicen cara a cara o por teléfono. Sin dudas, debió haber recorrido otro camino. Sin embargo, Román también utiliza los medios para mandar mensajes. En Telenoche, lo hizo de la misma manera que lo había hecho Diego en TyC Sports.

Hoy los dos están aliviados. Gracias a las palabras de Maradona, Riquelme evitó las críticas por bajo rendimiento y el rechazo de sus compañeros. Gracias a las palabras de Riquelme, Maradona evitó el trance de tener que bajar de la selección a un ídolo que, para la historia de Boca, ha sido más importante que él. Ahora la selección, sin Riquelme, se va a romper el alma pra demostrar que Román no era necesario. Y Riquelme, sin la selección, la va a romper en Boca para demostrar que es imprescindible.

Pero, sin esos códigos que los dos tanto declamaron y no practicaron, dinamitaron una relación que no merecía semejante final.

Argentinos, Boca, Barcelona y Argentina, el mismo camino. Marcos Franchi como representante. Hace quince años estaba con Diego. Desde hace más de diez, está con Román. Hace quince años, Diego elegía a Sergio Gendler de Telenoche (yo estaba ahí) para esos reportajes que todos querían tener. Para mandar esos mensajes que no se anima a expresar mano a mano. Lo mismo hace Riquelme hoy. Con el mismo periodista. Y en el mismo canal.

Y hay más. El conurbano bonaerense de fondo. La infancia pobre y sacrificada. El crack que rescata a la familia numerosa. Uno al Sur en Fiorito, el otro al Norte en Don Torcuato. Hablan en tercera persona cuando están enojados y resentidos. Que Maradona esto, que Riquelme esto. Son Diego y Román cuando están bien. Son Maradona y Riquelme cuando están mal.

A veces demasiado parecidos, a veces demasiado diferentes. Entre tanto exceso, permítanme ser excesivo en el final. Quizás aquel día del Monumental alguien puso un mensaje en una botella. Hoy la estamos destapando. En 1997, sin quererlo, Riquelme retiró a Maradona del fútbol. En 2009, también sin quererlo, Maradona retiró a Riquelme del seleccionado. Lamentablemente, nunca hubo lugar para los dos juntos.

Autor:
Juan Pablo Varsky


fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1107626&pid=6004657&toi=6372